Las consultas por una posible intoxicación en edad pediátrica parecen
haberse estabilizado en los últimos años. La mayor presencia de tapones
de seguridad y la mejor educación sanitaria de las familias parecían
justificar un descenso en el número de consultas en los Servicios de Urgencias
Pediátricos que parece haberse detenido.
Las consultas por una posible intoxicación suponen algo menos del
0,3% de los episodios registrados en los Servicios de Urgencias Pediátricos hospitalarios de nuestro entorno. Afortunadamente, la mayoría
de las veces se trata de contacto accidental con sustancias no tóxicas en
la cantidad ingerida por el niño, que precisan escasa actuación del pediatra
(32,5% de las sospechas de intoxicación en nuestro medio reciben
el alta del Servicio de Urgencias sin precisar ningún tipo de exploración
complementaria ni tratamiento). Ocasionalmente, sin embargo, el
contacto con un tóxico puede provocar una situación de riesgo vital.
Es por esto que la sospecha de intoxicación sigue generando gran angustia
en las familias y cierta incomodidad en el profesional que las atiende.
En los últimos años se detectan signos de cierta preocupación. Los
pacientes tardan menos tiempo en acudir a Urgencias y disminuye el
porcentaje de aquéllos que reciben tratamiento prehospitalario. Éste es
un hecho preocupante ya que el tratamiento prehospitalario del paciente
intoxicado es probablemente más importante que el recibido en el hospital.
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